Recorridos para ir sin correr.
Caminos para entrar al Perpetuo Socorro y sentirlo despacio, como quien escucha una historia que todavía respira.
Tal vez te sorprenda esta capacidad del barrio para reunir, en unas pocas calles, tantos tiempos, tantos lenguajes, tantas memorias.
Aquí conviven las ruinas y los murales, la fe y la música, el olor del taller y la quietud del templo.
El Perpetuo forma una unidad hecha de contrastes, una mezcla que solo Medellín podría entender: el pasado que resiste y el presente que se inventa.
No todo queda cerca, pero todo está vivo.
El Perpetuo no se recorre para llegar, sino para quedarse.
Cada esquina tiene un pulso distinto, un latido que se confunde con el ruido de la ciudad.
Por eso, más que una visita, este es un paseo para mirar con calma: los talleres de los artistas, los cafés escondidos, los ladrillos que guardan la memoria del barrio industrial y la esperanza de un territorio creativo.